Se puede dormir ocho horas y despertar igual de cansado. Eso pasa porque hay un peso que no se descarga durmiendo: el de cargar solo lo que no fuimos hechos para cargar solos.
La invitación de este pasaje no es a hacer menos, sino a entregar lo que pesa. Es un descanso que empieza por dentro, antes de que cambie cualquier circunstancia externa.
Hoy puede ser un buen día para nombrar, en concreto, qué es lo que se está cargando de más. Y soltarlo, aunque sea por un rato, es ya una forma de descanso.